La nueva normalidad: El miedo a la Covid

Incertidumbre. Es la palabra que ha venido definiendo el deporte desde el pasado mes de marzo y que, casi medio año después, sigue cerniéndose sobre el panorama tanto deportivo como extradeportivo. Somos un diario digital de deporte femenino, pero es inevitable no fijarse en el aumento de casos por la pandemia mundial que se están viviendo en los últimos días. Las cifras son ya comparables a las del inicio del confinamiento a principios del mes de abril. Sin embargo, y aunque estos contagios son menos mortales porque afectan a la población más joven, los deportes femeninos empiezan a dudar sobre la vuelta a la competición.

Inevitable. Otra de las palabras que nos viene a la cabeza a la hora de analizar esta situación que muchos clubs están pensando, a pesar de tener plantillas cerradas y de optar todavía por todo en la próxima temporada. Es inevitable porque ningún deporte practicado por mujeres está considerado profesional. Y si no son profesionales las jugadoras de primera división de algunos de los deportes con más licencias, como el baloncesto o el fútbol, tampoco lo serán otros con menos practicantes o de categorías inferiores. Es aquí donde proviene el gran miedo. Si no somos profesionales, solo nos estamos jugando la vida.

Irrisorio. Hacemos referencia al trato de algunas administraciones públicas a los equipos deportivos. Es el caso del Atlético Guardés. El conjunto gallego tiene que disputar a principios del mes de septiembre la Copa de la Reina 2020, competición que fue aplazada en su día en pleno confinamiento. El club ha pasado revisión a todas las jugadoras que dieron resultado negativo. Sin embargo, la falta de entendimiento entre la Federación Gallega de Balonmano, la Secretaría General del Deporte, la Federación Española de Balonmano y el Consejo Superior de Deportes provocó que el primer amistoso programado para el Guardés ante el Porriño en A Sagriña no pudiese disputarse. Esta cancelación está obligando al conjunto gallego a buscar soluciones para poder competir fuera de la comunidad autónoma.

Impotencia. Más íes para describir el lento retorno del deporte a la vida tras un parón de más de cuatro meses. El CD Talent de Santander es uno de los equipos que mejor define la palabra impotencia. El club comunicaba hace unos días a través de su presidente, Javier González, que cancelaban su participación en la temporada 2020/2021 de Primera Nacional de baloncesto. Para hacerse una idea, las cántabras eran el único equipo de la competición que había cerrado la plantilla a falta de prácticamente dos meses para empezar la temporada y con altas aspiraciones para lograr el ascenso. Queda saber si el club se replanteara la postura si la situación mejora, o si por el contrario, su rechazo a disputar la competición se convertirá en un descenso administrativo.

Inquietud. Es lo que mejor define la situación actual. Jugadoras que no saben si se podrá jugar, en que condiciones o cuando se dará el pistoletazo de salida. Sabíamos que habría rebrotes y que está situación sería parecida a la que vivimos en el inicio de la pandemia. Se ha tenido un tiempo de cuatro meses y queda aún un mes para el inicio de algunas competiciones, dos en el caso de otras. Volver a la normalidad es importante, pero más importante es saber cuales van a ser las medidas a seguir en la vuelta al ruedo. Asistencia de público, medios de comunicación, pruebas PCR. Nos encontramos en un desierto de medidas de seguridad que bien podrían abocarnos a una temporada con muy poco deporte o con competiciones en fechas más extrañas de lo habitual.

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